The Hidden Pearl: cuando el arte se convierte en refugio

En el corazón de Bal Harbour, la artista Ana Bonamico abre una ostra.

No para revelar una joya externa, sino para invitar a mirar hacia adentro.

Así nace The Hidden Pearl, una instalación monumental que transforma el espacio urbano en un lugar de introspección, memoria y resguardo. La obra propone una reflexión profunda sobre lo femenino entendido como territorio: un espacio íntimo donde se guardan recuerdos, gestos y fragmentos del mundo que, aunque invisibles, son los que nos hacen brillar.

Como las ostras, que convierten la herida en perla, las mujeres contienen y transforman. Esa idea atraviesa toda la instalación, construida como un cuerpo que protege y sostiene. Una escultura que no solo habita la ciudad, sino que la interpela, recordándonos que el arte también puede ser refugio, eco y espejo.

Bal Harbour y Art Basel: un desafío transformador

Realizar esta instalación en Bal Harbour durante Art Basel fue, para Ana Bonamico, una experiencia profundamente significativa. Aunque el proyecto nació en 2021, recién este año fue seleccionado para materializarse.

“Me encantó que fuera así, porque me dio tiempo para pensar la idea en profundidad. Construir este proyecto fue, sin dudas, uno de mis mayores desafíos”.

Exponer en Art Basel no fue solo un logro artístico, sino también una verdadera odisea: meses de trámites, trabajo intenso en el taller y una preparación que va mucho más allá de lo visible.

“Fueron meses de procesos que uno normalmente desconoce, de muchísimo trabajo y dedicación”.

Crear desde adentro

Más allá de la escala y el contexto internacional, The Hidden Pearl fue, ante todo, un viaje interno.

“Hacer esta obra fue conectar con mi interior. Bajar varios cambios y enfocarme en lo importante: mi familia. Significó bajar la ansiedad, escuchar mi cuerpo, mi mente… Fue un proceso largo, con muchas barreras, pero amé cada piedra que apareció en el camino”.

Esa conexión íntima también se tradujo en el mural que acompaña la instalación, también realizado por Ana Bonamico, quien vivió el proceso como un sueño hecho realidad.

“El mural me llevó 12 días y fue una experiencia increíble. Había momentos en los que me pellizcaba para recordarme: ‘Disfrutá, llegó este momento que tanto soñaste’”.

Lo que no se ve también importa

Detrás de cada imagen final, de cada obra terminada, hay una historia extensa y profundamente humana. Y eso es algo que Ana valora especialmente que se cuente.

“Detrás de cada obra hay meses, aveces años, de ideas, dudas, trámites, desafíos y también momentos muy humanos. Creo que The Hidden Pearl es el resultado de todo eso: del esfuerzo, del crecimiento personal y de la conexión con lo esencial”.

En Bal Harbour, Ana Bonamico abrió una ostra.

Y en ese gesto, el arte volvió a recordarnos que lo más valioso no siempre es lo que se ve, sino aquello que cuidamos dentro.

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