Este artículo va dedicado a la abnegada novia que pasa meses coordinando con delicadeza e inmensa ilusión los detalles de lo que será uno de los días más memorables de su vida: el de su matrimonio. Y quiero ser bien específica, estas letras se las dedico con especial admiración a la que lo celebra en invierno.
Día a día nos preocupamos de qué usar, cómo combinar, qué ponernos y qué sacarnos…pero hay un ítem más poderoso que cualquier otro; ese que sólo usamos una sola vez, aunque muchas lo lleven en la cartera por años. (No pelemos, “cada una, cada una”).
Les saco el sombrero a todas aquellas futuras señoras que están dispuestas a que el vestido se les empape el gran día porque a doña lluvia – a la que mucho expertos creen conocer de arriba abajo y pronostican con anticipación el momento en que decidirá colarse a la fiesta -, se le ocurrió llegar adelantada y además quedarse hasta el after. (Obvio, si hay consomé).
Es el vestido, el ítem de ítems, el rey de la noche… después del novio, claro.
Hace unos días quedé pegada con las propuestas para este 2016 de las diseñadoras francesas Sophie Sarfati y Laure de Sagasan. Por eso, aquí dejo algunas opciones para la novia de invierno, que con vestido mojado y todo, no tendrá nada que envidiarle a la de primavera, verano u otoño, porque será la mujer más feliz de la noche, igual. ¡Felicidades!


