En una conversación con Nicoletta Valentina, nos cuenta sobre su experiencia en Oz Cranberry Lab y cómo se dio su participación dentro de este espacio.
La invitación, dice, llegó de manera natural. Desde el inicio hubo una afinidad clara con Cranberry, no solo desde lo estético, sino también en la forma de entender el diseño y el trabajo de cada marca. Esa conexión se traduce en una presencia que se siente coherente dentro del laboratorio.
Para esta edición, la propuesta no estuvo en crear algo nuevo exclusivamente para el espacio, sino en seleccionar piezas que representaran bien el espíritu de la marca. Prendas que reflejan una feminidad actual, con carácter, donde la confección y los detalles tienen un rol central.
Sobre Oz Cranberry Lab, destaca especialmente la forma en que se presentan las marcas. Más que un punto de venta, es un espacio donde las propuestas conviven desde un criterio común, lo que permite recorrerlo de manera más fluida y entender mejor cada universo.





Fotos: Matías Cantero
también hay algo en la cercanía que marca la diferencia. La experiencia no se queda solo en el producto, sino que permite ver más de cerca los procesos y el trabajo detrás de cada pieza.
En paralelo, Nicoletta Valentina ha ido consolidando su proyecto con una estructura propia, donde el desarrollo interno y el oficio han sido fundamentales. A esto se suman experiencias internacionales que han aportado nuevas perspectivas, manteniendo siempre una identidad clara.
Hoy, la marca continúa trabajando en nuevas cápsulas y explorando otras categorías, con la intención de seguir creciendo sin perder coherencia.
Su paso por Oz Cranberry Lab se entiende desde ese mismo lugar: como una instancia que se integra de forma natural a su recorrido, en un espacio que permite mostrar la marca sin intervenir demasiado en lo que ya está construido.
