Mucha gente dice que la moda es algo superficial. Piensan que la preocupación por la imagen es una actitud vanidosa, y por tanto moralmente cuestionable. De esta creencia bastante generalizada se explica la critica que se le hace a las mujeres que se preocupan de su belleza, vestirse bien y desarrollar su potencial estético.
Esta critica a la supuesta superficialidad de quienes se preocupan por su belleza no deja de esconder cierta hipocresía: la persona que condena la preocupación por la belleza se pone a si misma sobre un pedestal moral desde el que le dice a los demás que es mejor porque no cae en superficialidades. Como es evidente, aquí se esconde la paradoja de una impostura, pues al final la persona que se sube a ese pedestal desde el cual juzga a los demás le preocupa de sobre manera su auto-imagen de ser una persona profunda o poco vanidosa, y es justamente en esta creencia de que “yo soy de esta o de esa manera” donde radica la superficialidad.
La vanidad, que es la “sobre-preocupación” por la imagen propia no sólo se refiere a la imagen en un plano físico (el querer verme linda) sino que se refiere a cualquier atributo/idea con la cual me identifico o me defino: simpático, inteligente, sencillo, etcétera.
El trabajar o estudiar mucho para ser reconocido y considerado inteligente, el hacer meditación o yoga para que me consideren “profundo”, ayudar a los demás o tener misiones altruistas que ayuden a los pobre o la naturaleza para que te consideren Buena persona y cosas por estilo derivan del mismo mecanismo sobre el que opera la vanidad.
La verdad, y aquí entramos en la esencia del tema, es que no existe nada que sea superficial o profundo en si mismo. Lo decisivo es cómo yo me relaciono con el mundo, o más bien conmigo mismo. Eso es lo que puede ser profundo o superficial. Cuando confundimos el QUIÉN SOMOS con el CÓMO SOMOS caemos en la superficialidad
Muchos de nosotros cuando nos definimos, o pensamos sobre quienes somos, estamos pensando en CÓMO nos hemos comportado (hemos sido buenos o malos, simpáticos humildes, generosos, egoístas, etc.) y en CÓMO nos ven los demás.
¿Nos duele que nos digan vanidosa, superficial, tonta, mala persona?
Experimentamos culpa, exceso de emociones, ansiedad (necesidad o apuro de que ocurran ciertas cosas y miedo a que no ocurran), depresión, victimización, nos gustan los melodramas amorosos, ¿buscamos sentir emociones fuertes? Si es así, estamos lejos de no estar viviéndonos superficialmente.
Y no hay nada de malo en eso, es parte de la evolución y el camino de todo ser humano volvernos profundos.
Y esto no se refiere a seguir los clichés de hacer cosas denominadas “profundas” como la meditación, yoga o leer… Sino en cuestionar día a día nuestras propios juicios y estructuras.
“Hombre conócete a ti mismo, y conocerás el universo y a los dioses” (Oráculo de Delfos)


