Cinco mujeres que rediseñan su relación con la naturaleza

Desde jardines sensoriales hasta espacios con vocación ecológica, estas paisajistas chilenas están transformando la manera en que habitamos el verde. Diseñan con propósito, emoción y conocimiento.

En los últimos años, el paisajismo ha dejado de ser visto como el toque final de un proyecto arquitectónico para convertirse en protagonista. Cada vez más, los jardines se piensan como refugios, extensiones vivas del interior, espacios que se recorren y se cuidan. En ese cambio de paradigma, hay una generación de mujeres chilenas que ha puesto su sello: conscientes, creativas y conectadas con el entorno.

Habitar consciente

Diseñadora integral, Javiera Uribe llegó al paisajismo desde su jardín en Matanzas, construido tras un incendio. Ese espacio se volvió su laboratorio natural y el inicio de todo. “Durante la pandemia tomé cursos online con referentes internacionales y empecé a formarme más profundamente”, cuenta. Su proyecto clave fue el Condominio Mirador del Centinela, donde diseñó un acceso, un parque y una plaza con bowl de skate. Hoy crea jardines que se recorren, sorprenden y atraen vida, combinando flora nativa y adaptada. “El paisajismo es una forma de regenerar, aunque sea en pocos metros cuadrados”, explica. Observar, plantar y aprender son parte de su día a día. Para ella, un buen jardín es uno que conecta con el entorno y despierta los sentidos, pero también el respeto por la tierra.
@javierauribe.paisajismo

Nunca dejar de aprender

Publicista de formación, Macarena de la Maza llegó al paisajismo a través de las flores. A los 23 años abrió su florería, pero pronto entendió que su camino estaba en lo verde a largo plazo. Hoy diseña jardines en Santiago —y algunos espacios interiores de oficinas— con una mirada estética, sí, pero también funcional. “Me encanta que todo esté verde y florido en la fecha justa, pero sé que no todos tienen tiempo para mantener eso. Por eso busco especies nobles, resistentes, que sorprenden por lo lindas que son y lo poco que demandan”, cuenta.

Su sello está en acompañar cada obra de cerca y en diseñar espacios a la medida de quien los vive: “El jardín tiene que calzar con la vida real del cliente. Si solo lo miras desde el escritorio, te pierdes lo más importante”, dice @macarena_delamaza

Entender el paisaje

Ingeniera agrónoma con mención en enología, Bernardita Gana pensó que su futuro estaba en el vino, hasta que una práctica en un vivero de flores lo cambió todo. Más tarde, trabajar con la reconocida paisajista Teresa Moller le abrió el camino definitivo. Hoy, junto a su marido, lidera su estudio @lajardinerapaisajismo y cree que los jardines deben ser funcionales, sostenibles y profundamente conectados con el entorno. “No podemos ser indiferentes al cambio climático. El paisajismo también debe dar servicios ecosistémicos”, afirma. Entre sus claves: menos pasto, más biodiversidad, más sombra, más olores. Y siempre, algún rincón para quedarse un rato.

Lo que la tierra permite

Arquitecta de profesión, Bernardita Léniz creció rodeada de jardines gracias a su mamá. Estudió un magíster en Ciudad y Paisaje y fundó @lab.paisajismo en plena pandemia, donde se reencontró con el placer de intervenir jardines con las manos. Su trabajo se caracteriza por equilibrar lo natural con lo construido, y por pensar cada jardín como un espacio para habitar, no solo mirar. “Un jardín puede ser precioso, pero si no se vive, pierde sentido. La belleza real nace de su utilidad”, dice.
En cada proyecto parte por escuchar al cliente, leer el terreno y unir deseos con posibilidades reales para así “generar una unión entre lo que quiere el cliente y lo que la tierra permite”. Esa conexión es lo que hace que el diseño funcione y sea auténtico.

Adaptarse al ritmo del lugar

Artista de formación, Bernardita García encontró en el paisajismo su medio de expresión más vivo. “La naturaleza es una obra en constante movimiento”, dice. Para ella, un jardín tiene que emocionar, inspirar y adaptarse al ritmo de quienes lo habitan. “Un jardín bonito que no se puede cuidar es solo un adorno. Uno funcional sin alma, es solo un espacio más”, afirma.
Su enfoque parte de la escucha: del cliente, del lugar, de la tierra. A partir de ahí, diseña espacios con intención, que vibren con el entorno y den ganas de quedarse. “El jardín puede cambiar el ánimo de una persona. Miles de jardines podrían cambiar un país”, dice. Esa es su convicción y también el motor de su estudio, @nativopaisajismo.

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